Por Diego Calle Cadavid*
Anoche no pude dormir ni un minuto, no pude pegar el ojo, y todo por culpa de mi profesora. Ella nos dijo ayer en clase, que en la noche se podría ver la osa mayor, y nos recomendó hacerle un seguimiento durante un tiempo, poniendo de presente que estaba segura nos maravillaríamos ante su presencia.
Me quedé a la expectativa. No sé por qué, pero eso me produce mucho temor, aunque también una gran curiosidad. Me imaginaba cómo podía ser. Suponía que tendría un tamaño gigante, al fin y al cabo, se trataba de la osa mayor.
Realmente estaba muy asustado, pero quería verla a como diera lugar.
La profesora aclaró que no necesitaríamos binóculos, ni lentes especiales, para observarla, puesto que la noche iba a estar muy clara y bastante estrellada, por cuanto estábamos en pleno verano.
Cerré la ventana del cuarto, a pesar del calor que hacía, no fuera cosa que me llevara una sorpresa, y dejé las cortinas corridas para poder mantener la vigilancia del cielo nocturno. De cuando en cuando me acercaba a ella para mirar mejor, pues las horas pasaban y lo único que veía en el firmamento eran las estrellas, reunidas en hermosas figuras, a las que no les presté mayor atención.
El sueño no llegó en ningún momento y tuve que soportar estar despierto en la oscuridad de la habitación, porque mi mamá apagó la luz luego que le hice creer que estaba dormido. Pudo más mi curiosidad que mi temor de estar solo, sin poder llamarla, seguro como estaba que no me dejaría cumplir mi propósito, por cuanto era muy celosa con el sueño nocturno, así dijera que se trataba de una tarea.
Pasé en vela casi la noche entera, hasta la madrugada, cuando el cansancio me venció, sin que hubiera podido ver a la esquiva osa mayor.
Hoy, cuando llegamos a la escuela, la profesora pidió que levantaran la mano quienes habían logrado ver a la osa mayor. La mayoría de los niños y niñas lo hicieron, a lo que por supuesto yo también me sumé, para no quedarme atrás, y fue precisamente a mí, a quien pidió una explicación detallada de la experiencia vivida. Qué fue lo que observaste, cuéntanos a todos, me pidió.
Pues profesora – empecé con timidez, tratando de aclarar rápidamente mis ideas – desde muy temprano me quedé a la espera de ver a la osa mayor. Mientras hablaba me fui cogiendo confianza, y seguí con el relato. Cuál no sería mi sorpresa, cuando a eso de la media noche la pude ver en el firmamento. Era realmente grande, mucho más grande de lo que hubiera imaginado. Su cuerpo robusto y fuerte, estaba totalmente cubierto de pelo. Un pelo blanco y sedoso, que le daba apariencia de ser un copo de algodón, y que con la luz brillaba intensamente. Tenía una cabeza, con una prominente trompa que terminaba en una negra y redonda nariz, y que se abría en una boca grande, muy grande, donde se dejaban ver unos filudos colmillos. Su patas y sus manos eran inmensas, mostrando en sus extremos unas peligrosas garras. De vez en vez se incorporaba sobre sus patas y levantaba sus brazos, como desperezándose, dando la impresión de que iba a abrazar la tierra, produciendo una sensación de poder absoluto, cosa que me hizo temblar de espanto. Luego de ello se recogía, dejándose ver como un enorme peluche, transmitiendo mucha ternura. De un momento a otro me di cuenta que desde donde estaba me observaba, por lo que cerré finalmente la cortina, y no pude saber qué fue de ella.
La profesora me miraba perpleja, al igual que mis compañeros, que apenas parpadeaban mientras les hablaba; yo me sentía orgulloso, dando por sentado que mi descripción había dejado a todos totalmente convencidos, incluida la profesora, de que realmente había tenido ante mí a la osa mayor.
Cuando terminé, me dijo que le parecía muy interesante el relato, y que si estaba dispuesto a jurar que de verdad había logrado ver al temible animal.
Ahí estuvo lo grave. Mis papás me tenían prohibido jurar. Por eso … y por nada más, la profesora me puso un insuficiente.
Diego Calle Cadavid*. Escritor y abogado payanés. Obtuvo con El oso mayor mención de honor en el Concurso de Cuento Humberto Tafur Charry del departamento del Huila, Colombia. Autor de una investigación sobre maltrato infantil y violencia intrafamiliar. Prepara su primera novela.
HERMOSO CUENTO.
FELICITACIONES.
DE VERDAD QUE DEBEMOS DAR GRACIAS A DIOS POR DEJAR QUE DÌA A DÌA CREZCA EN NOSOTROS ESE ESPÌRITU DE NIÑOS, QUE TODOS NO LOGRAMOS EXPLOTAR, Y PERMITIRLE QUE DEJE QUE NUESTRA IMAGINACIÒN VUELE Y SE PLASME EN UN PAPEL PARA SACAR UINA SONRISA NO SOLO AL TRISTE, SINO TAMBIÈN AL QUE RÌE DE LA VIDA Y AÙN NO SABE POR QUÈ.
LA IMAGINACIÒN VUELA Y NOS TRANPOSTA.
LA RISA ES EL SOL QUE AHUYENTA EL INVIERNO DEL ROSTRO HUMANO. (VICTOR HUGO)